A mi no me tocará la lotería

Cuánto optimismo el día del sorteo, ¿no?

Na, tampoco es pesimismo. Es imposible que me toque, sobre todo teniendo en cuenta que no he comprado un solo décimo. De eso se encargan mis padres, aunque me da a mi que ni por esas. Espero que si al menos toca algo me lo digan, sería un detalle para con su primogénito.

Pues si, ya mañana me voy a verles. Dos semanitas. 15 largos días en mi ciudad natal (Burgos, para el que no lo sepa). Son quince días que significan cambiar de vida por un tiempo, varíar por completo esa rutina que me encanta, esa que me hace feliz. No digo que no me apetezca ir, claro que me hace ilusión ver a mi familia, pegarme unos banquetes… y tal. Pero jope, bastaría con 4 o 5 días. Desde que soy universitario he aprendido a aborrecer las vacaciones, sencillamente porque me separan de mi vida.

Y este año los efectos se multiplican, porque jamás me había gustado mi vida tanto como ahora. Nunca me había costado tanto separarme de Madriz, de esta ciudad que me acogió hace ya tres años y tres meses, cuyas calles contemplan mi vida a diario, y en las que he aprendido a ser feliz sin preguntarme porqué.

Eso es bueno, si. Claro que es bueno ser feliz. Pero acostumbrarse a la felicidad puede ser ligeramente mendokuse (problemático), ya que cuando te la arrancan de un tirón es poco lo que te queda. La nostalgia, el recuerdo… y el móvil. Ese teléfono que va a echar humo, esa tarifa plana que va a volver a recuperar su sentido. Pasar horas con la oreja caliente es tristemente la única esperanza.

Pero sobre todo la ilusión de que el año 2009 va a ser el mejor de mi vida de momento. Después será superado por el 2010 y así sucesivamente, hasta que esto que llamamos vida no de más de si. Pero espero que para eso quede mucho.

Intuyo que esta va a ser la primera de una colección de entradas con connotaciones más bien tristes. Será así hasta que los reyes magos pasen y me dejen en un autobús dirección Madriz. De nuevo. A mi queridísima rutina. A mi fuente de felicidad. En resumen, a los brazos de mi niña.

¿Cómo va a aliviar todo eso un abeto, un puñado de bolas de colores y un gordo borracho vestido de rojo?

Imposible. A joderse y a aguantarse. Me la suda la lotería.

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Published in: on 22 diciembre 2008 at 1:12 pm  Comments (3)  
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Baño de color

A todos nos gusta escuchar la cara A,

pero al disco también hay que darle la vuelta,

después de mi no vas tú, va fa,

el sol y la nube, y queda una nota suelta.

 

Sin apenas darme cuenta bailé en clave de luna,

y cuando abrí los ojos ya no quedaba ninguna,

después de la una no quisieron venir las dos,

antes de las cuatro tres habían dicho adiós.

 

Regaladme un nicho en mi próximo cumpleaños,

meted mi cuerpo dentro y vendedlo a unos extraños,

ha habido tantos rebaños donde no logré encajar,

que las hostias merecidas me han enseñado a callar.

 

Se me ha olvidado llorar, eso es cosa del pasado,

quiero hasta volver a amar pero no estoy preparado,

estoy menos feo callado y me lo han dicho tantas veces,

que me han cansado tantos martes y me he aburrido de los treces.

 

Tienes lo que te mereces, me dice una voz interior,

cada día me recuerda que no sirvo pa’ el amor,

sólo un baño de color, un buen lavado de cara,

¡callaros ya todos coño!, que viene una chica rara

 

 

 

Realmente creo que es lo más absurdo que he escrito en mi vida xDDDDDDD

Published in: on 15 mayo 2008 at 3:06 pm  Comments (9)  
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Caricias para compartir un llanto

Sus pasos eran lentos y parecía desubicado.

Llevaba un buen rato caminando de forma totalmente automática, limitándose a poner un pie delante del otro, sin saber muy bien donde iba.

De repente, y de forma inconsciente, se salió del camino. El asfalto dejó paso a una hierba erosionada por infinitas pisadas y repleta de calvas de tierra donde toda la vegetación se había perdido. Era una hierba que en otros tiempos había sido verde, de un verde de esos que huelen bien. Ahora, el olor de ese verde le parecía muy fuerte, casi marrón.

Se sentía como una ánima condenada a vagar por un purgatorio al cual no sabía muy bien como había llegado. Su cerebro estaba en standby (como aquella canción que algún día le hizo llorar y sentir tanto), pero sus sentimientos estaban incandescentes, ardían desde dentro de su cuerpo. El calor repentino le asusto, pero no se trataba de un proceso de combustión interna. Eso habría sido más fácil y rápido, pero eran los sentimientos que le punzaban desde dentro.

No sabía muy bien porqué pero todos sus sentidos estaban alerta, tal vez para compensar la falta de actividad de su cabeza.

Llego a una zona donde el verde no olía tanto a marrón. No era el de otro tiempo pero parecía un rincón habitable, suficiente para un pequeño reposo en su eterno viaje. Total, siempre había sido alguien sencillo y con escasas ambiciones imperialistas. La teoría hitleriana del espacio vital no iba con él, y la mansión de sus sueños no era más que un minipiso a compartir.

Pero lo de compartir sonaba muy lejos. Más o menos a la altura de aquel verde.

Tras una breve (y más rutinaria que intencionada) exploración del terreno, se sentó. Necesitaba descansar, pero no de forma física, su cuerpo estaba perfectamente. Necesitaba darle una tregua a sus sentidos. Cerrar los ojos, bloquear sus fosas nasales, tapar sus oídos. Pero no lo conseguía.

Cada vez lo intentaba con más fuerza, tanta que llegaba a hacerse daño. Sentía como si sobre cada sentido se estuviese desintegrando su alma poco a poco. Veía irse a sus sentidos, separarse de su mente.

Llevaba demasiado tiempo sin pensar. Tanto que no se había planteado que podía ser peor. O tal vez llavaba demasiado tiempo seguido pensando. Ya ni siquiera lo sabía.

El caso es que sentía como la cabeza le estallaba. Y de pronto, todos los pensamientos que llevaban gobernando su cabeza de forma inconsciente, se acumularon dentro de él, y se expandieron hasta recorrerle todo el cuerpo.

Y explotaron. Como no podía ser de otra manera. Y él exploto a la vez. Todos los pensamientos se convirtieron en agua, y ésta empezó a salir por sus ojos. No lo podía controlar. Empezó a llorar, pero no era por pena. Era, como su propio nombre indica, un desahogo. Tanto que hasta tuvo miedo de secarse por dentro. De quedarse vacío. Más vacío aún.

Cuando acabó de llorar se secó los ojos. Pero volvió a explotar. Cuatro o cinco veces más. Despidió de si todo lo que llevaba ahorrando durante todo su viaje.

Pero no se secó. O al menos no del todo.

Apareció ella, aunque por un momento tuvo la sensación de que llevaba todo el tiempo allí. Él recosto la cabeza entre sus piernas mirando al cielo, que volvía a oler al azul de antes. Del olor marrón ya no quedaba nada. Ella empezó a llenarle, a ocupar el hueco de todo ese agua que había desprendido al explotar. Lo hizo de una forma más fácil, rápida y eficaz incluso que la combustión interna. Le bastó con extender su mano izquierda y sumergirla entre su pelo.

Repitió el proceso unas cuantas veces, como si quisiera invertir el proceso anterior de vaciado. Era tan sencillo que le resultó imposible imaginar que funcionaría. Ganar al llanto con caricias. Utópico a priori. Pero no había contado con el poder de sus caricias. Tan sencillo y poderoso que escapaba a su imaginación.

Eran unas caricias que sólo se podían sentir.

Había recordado el poder de algo tan sencillo como compartir. Su antiguo poder. El de los dos.

Published in: Sin categoría on 8 febrero 2008 at 9:11 pm  Comments (7)  
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Cronología

No pensaba colgar esto aquí, pero si por si acaso los planetas se alinean o algo parecido, y a alguien le apetece comentar, que no se vea censurado por el fotolog xDDDDD
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Alguien que duerme diez horas del tirón y se levanta con un dolor horrible de espalda
Que al rato se va a comer a un Burger
Que se tira en el sofá
Que coge algún bus hacia alguna facultad
Que entra en clase y se pasa la hora haciendo crucigramas
Que sale de clase y se mete a la biblioteca a estudiar
Que coge un desvío en metro
Que se convierte en un lobo dentro de un vagón de tren
Que ve como otro tren se va
Que se queda dividido entre los andenes y sus propias lágrimas
Que sale a la calle a fumarse un cigarro
Al que se le acerca un vagabundo y le dedica una sonrisa
Que se evade en el metro con los crucigramas
Que llega a su casa
Y que sólo tiene ganas de irse a dormir para que acabe un día así

Realmente puedo considerar que he tenido días mucho mejores. Y probablemente puedo pensar que habré tenido un día mucho mejor que ese vagabundo que se me ha acercado en la puerta de la estación de Atocha y me ha pedido un cigarro. Y me ha preguntado “¿Qué tal?” con una sonrisa amistosa en la cara. Y no me ha quedado más remedio que sonreír.Ese vagabundo me ha hecho pensar qué no pasa nada, que tan solo ha sido lunes.

Y que el Martes se llevará al lunes, con sus estúpidos presagios y su horrible dolor de espalda (que aún tengo). Lo malo es que también se va a llevar al amable vagabundo

Published in: Sin categoría on 10 diciembre 2007 at 11:57 pm  Comments (11)  
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Las soledades

Hoy lo lógico sería el segundo desahogo, pero no me da la gana, así que sólo le dedicaré unas líneas.

Porque hoy he vuelto a ser el mismo gilipollas de ayer.
Pero afortunadamente, (casi) no lo has visto.

Y ya.

Y resulta que hoy es viernes por la tarde. Se supone que yo debería estar pensando en lo que voy a hacer esta noche, pero no me apetece.
No me apetece hacer nada, no hay nada que me motive a desapalancarme del (incómodo) sofá desde el que ahora mismo escribo. Hay momentos como este donde sólo lo cambiaría por la cama, pero no tiene tele, así que nada.

Últimamente tengo demasiadas pesadillas despierto. Estoy mucho más sensible de lo normal (y ya es decir) y tal vez eso me haga comportarme como un gilipollas. O igual es que simplemente lo soy. Ya no lo se. Cada vez me conozco menos.

Lo cierto es que es muy triste comprobar cómo sólo le importas a una persona. Y que además, el destino se pone en tu contra para no dejarte casi tiempo para sentirte especial a su lado. El temor de una madre por unas manifestaciones, o la proximidad de un examen, o sino lo que sea, porque el destino no entiende de medios, sólo de fines.

Y en esos días es cuando más solo te sientes. La perspectiva de pasar más de 60 horas en soledad (ya sea completa o camuflada) ahora mismo se me antoja imposible.

Y es que la estimable compañía de media litrona caliente, un paquete de Winston con diseño nuevo, y una televisión enfrente, además del propio portátil, a veces no es suficiente.

Espero que este finde traiga una soledad que al menos esté camuflada

Published in: Sin categoría on 16 noviembre 2007 at 5:17 pm  Comments (4)  
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