Vidas

Hoy he ido al hospital Ramón y Cajal, para visitar a una amiga a la que operaban hoy. Todo ha ido perfecto. Una operación corta y cómo nueva.

Pero una visita al hospital da tiempo para pensar. Y mucho. Y cuando yo pienso malo.

Sobre todo si tenemos en cuenta que últimamente me estoy convirtiendo en algo casi inerte, los efectos de un hospital se potencian bastante.

Y en ese tiempo que te sobra, te asomas a una ventana (ver foto), y ves un edificio gris, triste, ayudado por un día más gris y más triste aún. Algo perfecto para una persona (u oveja) triste y gris

Ver toda esa gente en camillas, saber que hay decenas de vidas en juego en el mismo edificio en el qué estás…

Piensas en toda esa gente que está luchando por su vida, y llegas a plantearte cómo te enfrentarías a algo así. Piensas que en esos momentos se puede estar escapando una vida que merece más la pena que la tuya propia. Llegas a plantearte incluso que cualquiera de esas vidas puede tener más valor que la tuya.

También piensas en la gente que está en la sala de espera, donde la tensión se hace palpable, te ahoga. Te preguntas que pasaría si fueras tu el que está dentro del quirófano. Si alguien te esperaría fuera. Hasta llegas a preguntarte si alguien sentiría tu muerte. O si tus visitas irían sólo por compromiso.

Piensas hasta en Ramón y Cajal. En un hombre que hizo cosas de tal magnitud cómo para qué un hospital lleve su nombre. Qué fue una persona que salvo a miles de vidas. Te das cuenta de que es una vida que si que valía la pena.

Y entonces te preguntas qué haces tú. Yo no aspiro a poner mi nombre a un hospital. Me conformo con hacer un poquito más feliz a la gente que me rodea. Algo que cada vez consigo menos. No consigo hacer que la vida de nadie sea mejor. Aunque eso también es algo que me pasa de siempre (la oveja gris aún tiene mucha piel que aclararse).

Y ya puestos a pensar, piensas en tu novia. Y te planteas que, a la larga, de ti sólo se ha llevado decepciones. Sabes que no puedes vivir sin ella, pero también sabes (o crees) que para ella sería mejor vivir sin ti. Te das cuenta de qué has dejado de conseguir que su vida sea mejor. Sientes que se va agotando el gas que mantenía viva la llama que habías conseguido dejar en ella. Qué se ha agotado tu mechero. Qué no eres ni de lejos lo que ella necesita. Qué no la haces feliz. Y es injusto, porque ella a ti si qué te hace feliz. Te das cuenta qué has pasado de ser la oveja a ser el lobo. Y qué es posible que siempre hayas sido el lobo.

Y bueno, llega un momento en qué decides que lo mejor es despejarse y dejar de pensar.

Y viene un amigo y te da un abrazo, uno de los de verdad. Y aunque sea por unos segundos, se aclara el día.
Published in: Sin categoría on 20 noviembre 2007 at 6:25 pm  Comments (4)  
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4 comentariosDeja un comentario

  1. Esta entrada tenía que ser feliz.
    A ver si conseguimos que la próxima sí que lo sea.
    De verdad. Y entre los dos.
    🙂

  2. …………………………………………………………….(sonido del silencio) 😉

  3. Qué personajillo eres ^^ Eres muy importante para muchas personas, pasa que no te quieres dar cuenta…

    ¿Te hago la misma pregunta que me hiciste a mi?
    ¿Soy, yo, nada?

    (No es la pregunta exacta que me hiciste pero, ea, el contenido viene siendo el mismo xD)

    Déjate de tonterías… ¿Qué hay de esa sonrisa que debías tener siempre dibujada en tu cara?

    Qué fácil se olvidan este tipo de cosas 😀

    Un besazo!!!!
    Cuidateeeeeeeeeeeeeeeee!!!!

  4. Pero Nacho, te olvidas de una cosa.

    Somos nosotros, los que estamos al otro lado los que tenemos que decir si vales o no la pena, si nos haces o no felices.

    Y te olvidas de otra cosa importante: las vidas llegan al mundo en un hospital. Igual que se van.

    Y sabes… Hay mucha vida dentro de esos edificios. Aunque no lo creas. Te lo digo por experiencia. Por horas y horas que pasé dentro, ingresada, y por horas y horas que aún sigo gastando en los pasillos.

    Si quieres un día te lo cuento. E incluso puedo demostrártelo. Soy capaz de llevarte a “La Pajarera” de la Paz para que lo veas. Y saldrás de allí sonriendo, por extraño que parezca.


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