La tostada y la toalla

Rocío despertó.
Como cada día de los últimos dos meses, giró su cabeza hacia la izquierda, y comprobó que una vez más había fracasado en su intento. Llevaba ya mucho tiempo prometiéndose que ocuparía toda la cama de matrimonio, que despertaría en el centro sin dejar hueco para la ausencia de Javier en ninguno de los dos lados.
Pero como siempre sus sueños, ya fueran amenos o perturbadores, la llevaban flotando hasta el lado derecho de la cama, al que siempre había sido su lado.
Rocío no se lo podía explicar. No sabía muy bien qué pensar. Sentía que su subconsciente la traicionaba, la hacía mirar cada mañana a su izquierda con la esperanza de ver a Javier.

Se levantó y se fue directamente al baño, como todos los días.
Abrió las puertas de la ducha y entró. También le recordaba demasiado a Javier. No era sólo una ducha, era nuevamente el recuerdo de los momentos allí vividos. La habían comprado hace unos años porque la anterior no albergaba a dos cuerpos a la vez. Y se habían prometido ducharse todos los días juntos, para marchar cada uno a su trabajo con la misma sonrisa.
Pero ahora era todo más frío. Incluso las gotas de agua que recorrían su espalda parecían haberse vuelto agujas heladas.
Salió tras cinco minutos y se enrollo tras la toalla.
Iba hacia la cocina cuando sono el telefonillo.
Lo ignoro cómo hacia últimamente. No quería saber nada de carteros ni nada.
Pero volvió a sonar. Cada vez con timbrazos más prolongados y seguidos. Sonó casi medio minutos. Finalmente se decidió a contestar
– Si?
Nadie contestó. Se volvió a la cocina donde la esperaba una tostada a medio untar y un bote de mermelada de fresa al lado. Acabo de untarla y se la empezó a comer mientras paseaba por la cocina.
Llamaron a la puerta.
Rocío se sobresaltó, pero se ciñó la toalla al cuerpo y se dirigio a la puerta, mientras mordía la tostada. Abrió…
Y acto seguido la toalla se la empezó a resbalar por el cuerpo hasta quedar en el suelo, dejándola completamente desnuda. Susurró:
– Javier?
Él la contempló y esbozó una sonrisa.
Se abrazaron.
Y por primera vez en dos meses, la tostada cayó con la mermelada hacia arriba

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Published in: Sin categoría on 17 noviembre 2007 at 8:37 pm  Comments (3)  
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3 comentariosDeja un comentario

  1. Me he quedado prendada de la última frase. Creo que es uno de los pocos relatos con final inmensamente feliz que me ha gustado.
    No sé explicar por qué, pero siempre he sido más de finales tristes. O de finales en suspenso.
    Pero esta historia de final cerrado y feliz… cautivadora. Sí señor.
    Me ha roto todos los esquemas!
    Felicidades por este texto 🙂

  2. Te deje un comentario en el flog, pero no pienso perder esto de vista.

    Cuídate Nacho, por favor. Demuéstrate a tí mismo que vales la pena, porque el resto no lo dudamos (en respuesta a las otras dos entradas)

    :****

  3. Como dice Laura, la última frase es una auténtica pasada. Y el resto del relato también. Increíble.

    Enhorabuena por el texto y espero muchos más como éste!!!


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